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Homilía en la Misa del Hospital de Campaña

Corrientes, viernes 26 de marzo de 2021

Gracias a los directivos del Hospital de Campaña hoy inauguramos la misa mensual de los viernes en este providencial centro de salud, que se ha creado para atender a los contagiados de COVID-19. Desde aquí rezaremos por todos los enfermos y enfermas y por el personal de salud, junto con todos los que colaboran con ellos, por los familiares de los que están internados aquí, y también por los que se encuentran en otros hospitales de nuestra ciudad. No queremos que nadie, se confiese creyente o no, quede fuera de nuestra oración.

Recordemos que la oración es el vínculo más profundo que establecemos con Dios, con las personas con las que oramos y por aquellos a quienes deseamos unir a nuestra súplica. La unión más íntima y la que abarca la totalidad de nuestra vida es la que hacemos cuando rezamos. Esto lo decimos mirando a Dios. Jesús nos sorprendió con su cercanía y con la declaración de hacernos amigos suyos. Esta amistad fue sellada por Él nada menos que en la cruz y para siempre. La condición para ser sus amigos es confiar en Él y no temer, porque con Él ninguna adversidad puede abatirnos.

La Iglesia, que es madre cercana y sabia, nos invita este último viernes de cuaresma a dirigir nuestra mirada a Santa María junto a la Cruz, y para nosotros esta conmemoración coincide con la misa que estamos celebrando en este lugar de sufrimiento y también de esperanza. Por eso, las lecturas de la Palabra de Dios iluminan el momento que estamos viviendo. En la primera lectura escuchamos un trozo de la carta que les escribió San Pablo a los cristianos de Roma para anunciarles que el único que salva es Jesucristo, que por la fe en Él recibimos la vida nueva, contra la cual nadie ni nada tiene poder para destruirla: “Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? (…) ¿Quién podrá, entonces, separarnos del amor de Cristo? ¿Las tribulaciones, las angustias, la persecución, el hambre?”, y nosotros podemos añadir: ni la enfermedad y la pandemia con todas sus sombrías predicciones. “Ni la muerte ni la vida (…) ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor” (cf. Rm 8,31-39).

El breve pasaje del Evangelio nos presenta un cuadro dramático: Jesús agoniza en la cruz. Junto a la cruz está su madre. El desenlace fatal es inminente y sin embargo no hay desesperación sino serenidad y confianza. Jesús confía totalmente en Dios su Padre. María cree en su hijo. Los invito a que nos detengamos muchas veces en este cuadro y dejémonos embargar por el profundo mensaje de confianza y de paz que transmite. Sobre todo, cuando estamos atravesando algún mal momento que nos hace sufrir mucho. Dios no suele quitarnos el dolor, pero nos da la fuerza y la paz para soportarlo si confiamos en Él. El que descubre la otra cara del sufrimiento, encontró la clave para sobrellevarlo en paz, una paz y un gozo que le viene de su profunda unión con la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Hasta en un tono menor, sabemos que la confianza recíproca produce el mejor alivio y sosiego para el alma y para el cuerpo. Más aún, cuando experimentamos que Dios confía en nosotros y que Él nos da la gracia de confiar en Él.

Por eso, queridas hermanas y hermanos enfermos: ustedes que están pasando por una prueba muy dura a causa del coronavirus, no pierdan la confianza en Dios primero y con él confíen en ustedes mismos. Dios los ama y nadie como él sabe cuánto están sufriendo y con ustedes también sus familiares y amigos. Pero no se olviden: Él está cerca para sostenerlos, animarlos y llevarlos a un destino de felicidad ya ahora y durante este tiempo que aún transcurren en el hospital y, no lo duden, también luego, al final de nuestra vida, Dios nos tiene preparada una morada en la que reina el amor, la alegría y la felicidad plena. Un hermoso gesto de cercanía y de confianza es el sacramento de la Unción de los Enfermos, al que le tenemos un poco de miedo porque lo relacionamos erróneamente con los últimos momentos de nuestra vida. Y, sin embargo, es el sacramento que nos acerca la mano bondadosa de Dios que desea fortalecernos en la enfermedad y también en la etapa en la que, por los años, vamos perdiendo fuerzas, para que no nos desanimemos y crezcamos en la fe, la esperanza y la caridad.

La relación de confianza, fundamento del cuidado del enfermo, fue el lema que escogió el papa Francisco para la Jornada Mundial del Enfermo el pasado 11 febrero. ¡Qué importante es el vínculo que establecemos con los enfermos! ¡Cuánto bien les hace una palabra de aliento y un actitud cercana y amiga! Jamás se me borrará la cara de la enfermera que me atendió en el Hospital Regional de Junín, provincia de Buenos Aires, cuando con mis 15 años me había contagiado un virus, que en esos años llamaban el mal de los rastrojos, mientras participaba de un campamento. Su bondad, su maternal cercanía y su sonrisa fueron el mejor bálsamo durante los diez días de intensa fiebre que provocaba esa enfermedad. No me cabe duda de que Dios desea manifestar su poder salvador mediante gestos pacientes, sencillos y atentos de los médicos, enfermeros, enfermeras y todo el personal que tiene contacto con el enfermo.

Para concluir, coloquemos de nuevo delante de nuestros ojos la imagen de María junto a la cruz de su Hijo. Que Ella nos inspire esa misma actitud ante los cristos sufrientes que nos necesitan cercanos y también a los profesionales en el oficio que les corresponde llevar a cabo. A Ella la honramos con el conmovedor apelativo de tiernísima Madre de Dios y de los hombres para que también nosotros reflejemos el amor y la ternura de Dios hacia todos aquellos a quienes la vida les muestra la cara del dolor, del desamparo y aún de aquellos que sufren por sus oscuros impulsos a la violencia, a la injusticia y al mal. A Ella le encomendamos confiados a nuestros enfermos y enfermas, a sus familiares y a todos los que cuidan de ellos y los curan. Así sea.

†Andrés Stanovnik OFMCap

Arzobispo de Corrientes

 

NOTA: a la derecha de la página, en Archivos, el texto como 21-03-26 Homilía Hospital de Campaña, en formato de word