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Una cálida jornada reunió a la feligresía de Corrientes para celebrar el inicio del ministerio pastoral de su nuevo Arzobispo; monseñor José Adolfo Larregain. En medio de la alegría de la Navidad, miles de fieles de distintas comunidades de la arquidiócesis y de otras partes del país se dieron cita en las inmediaciones de la catedral metropolitana. Porras, carteles y banderas representativas fueron características de la alegre tarde.
La reunión fue engalanada por la presencia de los dos amores de quienes habitan este suelo santo: la Santísima Cruz de los Milagros, “signo del inmenso amor de Dios por nosotros” tal como reza su oración, y la imagen de la Pura y Limpia Concepción de Nuestra Señora de Itatí, que desde hace más de cuatro siglos protege y acompaña al Pueblo de Dios que peregrina en Corrientes.
Por la mañana, un grupo de peregrinos de la diócesis de Merlo-Moreno desembarcaron en la ciudad para acompañar a quien fue su pastor durante mucho tiempo. En aquella diócesis, Larregain fue párroco de Virgen de la Paz; delegado diocesano para el acompañamiento de la Renovación Carismática Católica; parte del grupo de los formadores permanentes para el clero diocesano y miembro del Consejo Presbiteral. Además, se desempeñó como docente en diferentes instituciones diocesanas como la Escuela de Diáconos Permanentes y los Seminarios Catequísticos.
Ahora, en Corrientes, le fue conferida la tarea pastoral iniciada hace más de cien años por Monseñor Luis María Niella y continuada por los obispos Pedro Dionisio Tibiletti, Francisco Vicentín, Jorge Manuel López, Fortunato Antonio Rossi, Domingo Salvador Castagna y Andrés Stanovnik, quien participó físicamente en la eucaristía de la noche del viernes. Los demás, seguramente, fueron partícipes de modo espiritual en ese momento de alegría para la Iglesia particular.
Asimismo, unos momentos previos al inicio de la celebración en la que tomaría posesión de la Arquidiócesis de Corrientes, monseñor José Adolfo recibió la visita de sus hermanos obispos de las diócesis sufragáneas: Gustavo Montini, de Santo Tomé, Adolfo Canecín quien participó junto a su obispo emérito Ricardo Oscar Faifer de la diócesis de Goya; Damián Bitar de Oberá; Juan Rubén Martínez de Posadas; Ramón Dus de Resistencia; Nicolás Baisi de Puerto Iguazú; Vicente Conejero de Formosa y Hugo Bárbaro de la diócesis de Sáenz Peña.
Detrás del altar en el que se celebró la eucaristía estuvo, desde muy temprano, un cartel impreso con el lema elegido por el nuevo Arzobispo de Corrientes para su ministerio pastoral: “Nosotros somos testigos”; una frase pronunciada por los apóstoles de Jesús, documentada en diferentes ocasiones en el libro de los Hechos de los Apóstoles y pronunciada hasta la saciedad por los fieles que acudieron a la toma de posesión.
El mismo Larregain se refirió a este lema, al final de su homilía: “Podemos afirmar, una vez más, que ‘nosotros somos testigos’. ¡Que providente que este lema, que yo tomé cuando obispo, hoy en la primera lectura está citado: ‘Nosotros somos testigos’! y que lo que oímos y vimos lo queremos anunciar, para que muchos compartan la alegría y el gozo de la presencia del Señor. Que así sea”.
Poco antes de esta esperanzadora homilía, el padre Javier Romero, párroco de Nuestra Señora de la Merced, dio lectura a la Bula Papal que lo designó como arzobispo coadjutor. Entre sus palabras, el Papa Francisco le mencionó: “¡Con que bondad te recibimos a tí, venerable hermano. Dirigimos nuestro corazón a tí, a quien hemos reconocido por el ministerio y la prudencia pastoral que, hasta ahora, has realizado, considerándote apto para el desempeño de esta importantísima tarea!”.
“Lo animamos encarecidamente a trabajar en armonía con el arzobispo metropolitano de Corrientes, con un sólo propósito: sosteniendo diligentemente el Magisterio de la Iglesia Católica en la predicación de la Palabra del Señor y en el servicio al Pueblo de Dios”, fueron las últimas palabras del Papa. Tras la lectura, un cariñoso aplauso se levantó entre los fieles. Luego, el arzobispo de Corrientes, Andrés Stanovnik, hizo entrega del báculo a monseñor José Adolfo y éste pasó a ocupar la sede arzobispal.
Una decena de saludos fueron destinados al nuevo arzobispo de Corrientes, se leyeron antes de iniciar la celebración de la Santa Misa y al finalizar. Entre los más emotivos estuvieron el de Fray Daniel Fleitas, ministro provincial de la Orden Franciscana y el de los representantes de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA).
“¡El 24 (de diciembre) el Papa Francisco abría la Puerta del Jubileo de la Esperanza. Hoy, vos abrís la puerta de la esperanza para el pueblo que se te ha confiado. Que la Esperanza que no defrauda acompañe tus pasos, tu entrega y servicio!”, fueron las palabras del ministro general de los franciscanos dirigidas, desde el ambón, a Monseñor José Adolfo, y compartidas con toda la asamblea.
“En el día en que celebramos la fiesta del apóstol San Juan, nos hacemos eco de sus palabras para saludarte al inicio de tu ministerio episcopal como coadjutor de la querida Iglesia correntina. Que, a ejemplo del apóstol, puedas testimoniar la encarnación del Verbo en nuestra historia, para conducir al Pueblo de Dios a la alegría plena”, expresó la misiva que tuvo la firma de Raúl Pizarro, obispo auxiliar de San Isidro y secretario general de la CEA, y la de su presidente, Monseñor Marcelo Daniel Colombo, arzobispo de Mendoza.
Tras los saludos y la bendición final, en medio de la presencia multitudinaria de fieles laicos, vidas consagradas de diferentes congregaciones y de los sacerdotes de la arquidiócesis, los obispos presentes destinaron un momento personal para saludar a la imagen de la Pura y Limpia Concepción. A su turno, Monseñor José Adolfo le dirigió su mirada y puso sus manos entre las tiernas manos de María. La oración silenciosa se extendió por algunos minutos y generó la atención del pueblo de Dios.
Luego de esto, al descender del escenario sobre el que se montó el altar, fiel a su estilo, el nuevo arzobispo se dedicó a saludar uno por uno a los fieles que se encontraba a su paso. Detrás suyo, casi como una muestra de su maternal presencia, la imagen de la Santísima Virgen María de Itatí acompañó su caminar. Los que presenciaron cada gesto de esa jornada, realmente, fueron testigos de la presencia de Dios en medio de su pueblo.
Texto: Diego Navarro